17 enero, 2017

Último post en este blog

Ahora estoy escribiendo en mi tumblr así que no voy a actualizar más este blog. Siento que ya nadie usa sus blogs y muchos se pasaron a tumblr así que me uno. Igual voy a dejar este abierto.
Link de este post: http://escribiroenloquecer.tumblr.com/


“No hay nada peor en la vida que ser común y corriente”
Cuando sos chica todos te dicen que sos especial. Todos no, los que te quieren de verdad. Cuando arrancás el jardín o la escuela te enfrentás a la inquietante realidad de que no sos la única personita de la habitación y todo ya no gira en torno a vos (bueno, no te ponés a pensar eso a los 5 años pero sí lo percibís a nivel inconsciente). Después vas creciendo e intentás cualquier cosa para diferenciarte de los demás. Querés volver a destacarte para no pasar desapercibida entre la multitud, aunque te de vergüenza llamar la atención. Ves lo talentosos que son los demás, en lo que crean, en su forma de expresarse, en sus relaciones y te sentís menos, envidiás esa facilidad que parecen tener para desenvolverse. Sentís que te falta algo para ser tan buena como ellos y no sabés qué es.
Pero cuando ya estás un poco más grande, te das cuenta de que todos tienen su talón de Aquiles y no tenés nada que envidiarles. Todos tenemos un pasado único que nos fue poniendo pruebas y si seguimos acá es porque algo hicimos bien. Dicho esto, aún así me sigo comparando con los demás y sintiendo que me falta algo. ¿Será complejo de inferioridad? No quiero sentirme común y corriente. Quiero sentir que aporto algo, que soy interesante. Eso. Quiero generar interés en la gente y sobretodo en mí misma. Quiero estar interesada en mí en lugar de buscar afuera algo que me genere interés.
Qué difícil no aburrirse de uno mismo, siempre con los mismos rollos mentales y el ego que quiere boicotearte. Siempre con los mismos recuerdos re-creados y re-idealizados, los pensamientos aleatorios de gente que formó parte de tu vida. Ni siquiera dormir da un respiro porque se cuelan en los sueños y protagonizan LA película de turno. Tengo más vivencias en mi mente de las que tengo en vida y ya no quiero eso. Necesito experimentar, ver qué cosas hay para hacer, divertirme más. Dejar de pensar en las pillamadas o los fanatismos, fueron momentos hermosos que no se van a repetir y lo tengo que aceptar y seguir. Es así. No hay BFF ni Príncipes Azules. Esas fantasías de la adolescencia son utópicas. En la realidad una misma es la única que puede ser su mejor amiga por siempre y su princesa. La que siempre está, la que te consuela, la que te da ánimos, la que te impulsa a intentarlo. Buscamos afuera lo que ya tenemos dentro, escondidito pero esperando para que lo dejemos salir. Nos queremos ayudar y al mismo tiempo no nos dejamos ser ayudados. Auto-boicot.
Falta confiar más en la voz interior y menos en la voz exterior porque esa juzga y aquella sana.

25 agosto, 2016

"Si realmente querés algo, el Universo conspira para que lo logres"

Ayer y ante-ayer viví una experiencia insólita.

Todo comenzó cuando fui junto a mi hermana a la casa de nuestra tía para saludar a nuestro primo por su cumpleaños. Fuimos en ómnibus porque hace un mes que a mis padres les robaron nuestro auto. Estábamos cruzando la calle para llegar a la esquina donde está la casa. Mamá me había llamado y como no había sentido la vibración del celular, abrí el whatsapp para avisarle que ya estábamos llevando. Nunca aviso que estoy llegando, siempre aviso cuando ya estoy en el lugar donde tenía que ir. Tampoco uso nunca el mensaje de voz y menos estando en la calle, pero se me dio por hacerlo. Apenas terminé de hablarle, un pibe apareció frente a mi hermana y a mí y me dijo "dame el celular". Mi reacción fue aferrarlo a mi pecho y contestarle "no". A lo que él respondió: "dámelo o sino te pincho". No tenía nada en las manos, pero el miedo a que pudiera sacar algún objeto y nos hiciera daño me ganó. Le di el celular, que hacía un mes había comprado, y se lo llevó corriendo.
Mi hermana repetía "ay no, ay no", su voz reflejaba miedo y rabia. Caminamos lo poco que nos quedaba para llegar al portón de la casa de mi tía y entramos. 
Lo primero que dije cuando entré fue "me robaron el celular". El abuelo fue el único que estaba en la habitación. Después nos encontramos con el primo y la tía y también les conté lo que nos había pasado. Llamé a mí mamá desde el teléfono de ella para contarle y pedirle que llamara a la compañía telefónica para bloquear mi número. Cuando corté, mi tía me dijo que me llevaba a dar una vuelta en el auto para ver si podíamos encontrar al tipo. Su idea era darle algo de dinero a cambio del celular. Salí con ella en el auto pero no tuvimos suerte. No estaba por ningún lado. Desde el celular de mi tía, mandé un mensaje a mi número para comunicarme con el pibe. Esta fue la conversación:

Yo: Hola soy la dueña del celular, te doy 300 para que me lo devuelvas
El pibe: si se le acaba de caer a un muchacho q paso corriendo como loco
Yo: Ay donde estas que voy para ahi
El pibe: No creo que yegues ya estoy por subirme al hobnibus para minas yo lo agarre cuando me subia al taxi para tres cruces nose yo vuelvo para montevideo en dos semanas

Ahí mi tía me dijo que lo llamara y que si atendía, le pasara el celular a ella. Lo llamamos como tres veces y nunca atendió. Rendidas, nos volvimos para casa. 

Cuando llegamos, nos juntamos con mi primo, mi hermana y mi abuelo a comer la merienda. En eso, mi hermana se iluminó y me dijo que, como mi celular es iPhone, podíamos rastrearlo gracias a los servicios de Apple que te permiten ubicar sus dispositivos. Entramos a la página web de icloud donde está esa opción, ingresé mi dirección de correo y lo buscamos. El pibe estaba re cerca, era mentira lo que había contestado de que se iba para el departamento de Lavalleja. Me invadió la rabia y un gran sentimiento de impotencia. Ese sentimiento me duró muchas horas.

Como una hora después, me di cuenta que desde mi dirección de correo podía ingresar a mis datos y borrarlos para que el tipo no accediera. Mientras borraba mis contactos, veo ingresada a una tal "Chochi". Enseguida capture pantalla y se lo mandé a mi mamá por mensaje privado de Facebook. Supuse que sería la novia del pibe. No me equivoqué.

Más tarde, cuando mi hermana y yo ya estabamos en nuestra casa, se nos dio por agregar ese número en el cel de mi hermana. Vimos efectivamente que "Chochi" era la novia del pibe porque estaba con él en su foto de Whatsapp. Más rabia nos dio todavía, pero teníamos que irnos a dormir. 

Al día siguiente, mamá me despertó re temprano y empezamos la operación "recuperar el iPhone". Le puse la configuración del celular en privado para que los demás no pudieran ver su número de celular y ella le mandó un sms a "Chochi": 

Chochi, ayer tu novio o tu amigo el que tenes la foto de whassapp le robo un celular iphone a mi hija. Por el rastreador ya sabemos donde esta. Tenemos impresa la foto tuya con él. La dirección donde vive. Si para mediodía no devuelve el teléfono de donde lo robo, vamos a la policía y después los escrachamos en todas las redes sociales y empapelamos Montevideo con la foto de uds. Te lo digo en una buena, no tienen pinta de mala gente. Que deje el celu en la casa de la esquina de (dirección). Que lo deje en buen estado y aquí no paso nada.

Una hora y diez minutos más tarde, "Chochi" respondió:

Mira primero el no lo robo xq se lo vendieron no me amenases y no acuse menos si no sabe como son las cosas digame donde el se puede encontrar con usted para devolvérselo y recuerde no apunte si no sabe no es ningún ladrón es una persona trabajadora

Mi mamá le respondió:

Te dije que me parecen personas bien. Se lo robaron ayer a las 17hs me parece raro que justo lo haya comprado y que sea tan parecido al que se lo robo a mi hija. Si es inocente, nos encontramos 10:30 adentro de tres cruces junto al local de Tiendas Montevideo. Si?

Dos minutos después, "Chochi" respondió:

Ahora le pregunto xq en este momento esta trabajando y figese q trabaja hasta las 19hs lo puedo entender pero no puede llamarlo ladrón cuando niciquiera ustd le vio la cara

Mamá:

Se la vieron mis dos hijas. Te repito no queremos problemas. Solo recuperar algo que le pertenece a otra persona. No podes comprar un celu que está bloqueado, sin accesorios, etc. Contestame cuando nos encontramos.

"Chochi": 

Mire a las 10.30 no llega tendría q ser para después del mediodía

Mamá:

Decime bien la hora y nos encontramos donde te dije

"Chochi": 

Ok ya le digo el cel se lo va a devolver y compra cel en ese estado xq de eso trabaja

Mamá:

Ok, espero confirmación de hora puntual.

Después mamá me acompañó a un local de la compañía telefónica de mi celular para recuperar mi chip. Mientras viajábamos en el ómnibus, esperábamos la confirmación. Una hora después, mamá volvió a insistir:

Necesito saber la hora en que él va a tres cruces

"Chochi" respondió:

A las doce estoy ahí yo se lo voy a entregar

Mamá:

Muy bien

Faltaban 50 minutos para que fueran las 12. Diez minutos después, nos llega un mensaje de "Chochi":

Esta cerca usted xq yo ya estoy acá

Llegó media hora antes de lo acordado. Mamá le respondió:

En 15 llegamos

Ella confirmó en qué lugar se encontraba. Cuando llegamos a ese lugar, no estaba. Había un guardia de seguridad cerca así que eso nos daba más seguridad. Eramos un manojo de nervios, pero por fuera nos veíamos serias y firmes. Luego de un intercambio de mensajes de texto intentando poder encontrarnos, mi mamá la llamó y le repitió bien dónde estábamos. Al rato apareció. 

Me dio el celular. "Prendelo" me dijo mi madre. Demoró en cargar a la pantalla de inicio. Mientras tanto, por el rabillo del ojo veía que "Chochi" se acariciaba la panza: estaba embarazada. Después mamá me contó que mientras yo revisaba mi celular, ella miraba a "Chochi" y ésta tenía el cabizbajo. Una vez que cargó la pantalla de inicio, me fijé que estuviera todo como lo había dejado. Todo estaba bien. 

"Gracias" dijo "Chochi"
"¿Por qué?" preguntó mamá.

Ella nos dijo que por no complicar más la situación. Era totalmente consciente de que podríamos haberlos denunciado o delatado con el guardia que estaba parado ahí. Mamá le dijo que comprar algo robado es ser cómplice de un delito. "Chochi" nos dio la razón y nos contó que a ella misma le habían robado varias veces y sabe lo feo que es. En fin, la chica resultó tener cabeza y gracias a ella recuperé mi celular.

Cuando caminábamos de regreso a casa, sin el nudo en la panza que teníamos antes, de pasada vemos a "Chochi" con un pibe. Era El pibe. Estaban en una parada del ómnibus. Claramente, el pibe era un cobarde y su esposa, estando embarazada, tuvo que dar la cara en su lugar y enfrentar las consecuencias de la cagada que él se mandó.

Por suerte, todo quedó ahí y no los vimos más. 

Una vez en casa, le cambio el chip al celular y empiezo a revisar todo. Cuando abro el whatsapp me encuentro con una conversación que el pibe había tenido con su novia minutos después de que me robara el celular. En los audios que grabó le decía que había intercambiado el iPhone por una campera roja con un amigo. Ahí estaba la prueba de que él le había mentido, no le contó que él mismo lo había robado. Encima después dijo que el celular claramente era robado porque tenía fotos de una piba (o sea yo). Después le dijo que andaba como loco porque hacía días no hablaban y él necesitaba verla porque la amaba. Ella le decía que lo extrañaba y le mandó una foto editada que tenía una imagen de la ecografía, una foto de ella y una foto de él. 

Por todo esto deduzco que el pibe me robó el celular porque estaba desesperado por hablar con su novia, con la que estaban algo distanciados por vaya a saber uno qué razón, y cuando me vio con el celular aprovechó la "oportunidad". 

Si no fuera por su novia, que merece a alguien mejor que él, yo no hubiera recuperado mi celular. 
Ojalá que ellos se separen.
Ojalá que "Chochi" pueda criar bien a su bebé.
Ojalá el pibe no vuelva a robar nunca más.

Ojalá esta historia traiga algo positivo a nuestras vidas y no haya sucedido en vano.

De todas maneras, es una prueba de que cuando uno insiste, el universo te ayuda a conseguir lo que querés. Esa es la enseñanza que me llevo de todo esto.




31 julio, 2016

Julio

Este mes que hoy termina fue difícil.
El 1 de julio arranque el mes sorprendida porque marcó la mitad exacta del año. Me costaba creer que ya habían pasado 6 meses desde el comienzo del 2016 y que entramos en la recta final. 6 días después, comencé a leer un libro sobre un hombre británico de 40 años que a los 24 tuvo una crisis depresiva y cuenta sus experiencias con la depresión y la ansiedad. Pensé que leer este libro me haría sentir mejor, por su titulo optimista que apuntaba a preservar la vida, pero me sucedió lo contrario. A medida que iba leyendo, mis esperanzas de tener una vida más o menos normal se iban yendo. Porque vi que este hombre aún tiene episodios depresivos, no se curó. Parece que no hay una cura para esto. No es como una gripe o un cáncer, que si se detecta a tiempo puede curarse. Es algo más profundo, que afecta al centro de todo: al cerebro.
Esa misma semana mi psicóloga me prestó un libro que habla sobre la depresión y cómo superarla. Leyéndolo me di cuenta de que tengo una depresión endógena latente. Los que la padecemos experimentamos "una importante dificultad para vivir la vida cotidiana" y nos invaden la angustia y el cansancio. Saber esto me desmotivó aún más porque quiere decir que lo que tengo no es causado por un hecho externo sino que es algo que es parte de mi cerebro.
Me puse a pensar en mi historial de depresión y puedo recordar perfectamente que a los 13 años tuve mi primer episodio depresivo. Fue en el 2008, al final de un año que tuvo varios conflictos en el ámbito social, perdí amistades, perdí confianza, gané ansiedad, mi agorafobia empeoró. Terminé el año con una angustia que no me dejaba comer y me tenía durmiendo por más de 12 horas. Poco a poco, distrayéndome con la lectura, hablando y enfrentando mi reciente miedo a andar en ómnibus, fui recuperándome pero mi cabeza ya no era la misma. Podría decirse que mi depresión comenzó en mi adolescencia, cuando empecé a darme cuenta de que iba a tener que hacer cosas por mi cuenta, cuando me enfrenté a responsabilidades que hasta entonces no tenía. A los 12 me vino una alergia psicosomática que dejó mi autoestima por el suelo. Tenía eccemas por todo el cuerpo, los de la cara y los brazos eran los peores. El único gran cambio en mi vida durante ese tiempo fue el paso de la escuela al liceo, así que claramente todo comenzó al entrar a esta nueva etapa.
Mi historia con la ansiedad fue diferente. Siempre estuvo ahí.
Claro que todas las personas experimentamos ansiedad en nuestra vida. Pero cuando la ansiedad es tan grande que nos impide hacer actividades que nos gustaría hacer por miedo, entonces tenemos un trastorno de ansiedad. Cuando era chica me daba miedo estar fuera de mi casa. Ya lo hablé en este blog. Mi ansiedad siempre estuvo ligada a la agorafobia, que es un tipo de ansiedad. A medida que fui creciendo fui ampliando mi zona de confort pero aún es limitada. Lo bueno es que ahora que sé que lo que me pasa no es raro, puedo hablar de eso y me siento mejor.

Volviendo a la depresión, mi último episodio depresivo fue el martes pasado. Fui a la psicóloga y me larqué a llorar. Estuve como 40 minutos en los que paraba, hablaba y volvía a empezar. Salí de sesión y devuelta lloré. En la calle, mientras iba al super. En el super, mientras cumplía con la lista que mamá me había dado antes de la sesión. En la caja me calmé. Volví a mi casa, dejé las bolsas y cuando papá me abrazó me largué de nuevo. Consideré morir. Lo pacífico que sería dejar de lidiar con toda esa angustia que me dificultaba respirar. Pensé en la manera más fácil de hacerlo, pero cuando lo pensaba no pensaba en morirme, pensaba en como me iban a llevar rapidísimo al hospital. Me di cuenta que no quería morir, quería ser salvada. Que me tomasen en serio. Que hubiera una prueba real, externa, de lo mal que estaba pasándola internamente. No hice nada. En realidad si hice algo. Escribí esto:
“If you really wanted to die you’ll do it. You wouldn’t be thinking about the big scar that’ll be left on your forearm or how you’ll be rushed to the hospital. You’d just do it. Alone.”
“That proves you don’t actually want to die. What do you want, then? To be saved?”
That’s what my mind has been telling me.
Maybe I want people to see that this is serious. That my head is actually messed up. That medication isn’t working. That being alive it’s too difficult right now.
Maybe I just need someone to say “I’ll be with you no matter how hard it gets.” Maybe I need to say that to myself. Maybe my inner child needs all the love she feels she didn’t have and that’s why my adult self feels unloved. Maybe I need people to understand that I’m actually ill. Not to have their pity, rather their sympathy. 
But what do I do with that? Would I feel better? Would I feel relieved somehow, to have someone validating my sorrow? 
Perhaps the big problem is that I don’t fully come to terms with it. I read about it, I talk about it but truth is I hate it. And at the same time, it’s all I’ve known since I was 12. Or perhaps longer, who knows. This has been in my mind for too much time now. It has grown with me, within me, like a tumor. The black fog is like an annoying friend. I feel forced to be friends with it but don’t fully accept it. Should I accept that this is part of me? That it might not go away? That people won’t understand unless it is within them too?
Perhaps it is time to accept I have depression. This ugly word that doesn’t do justice to the illness it defines. 
Perhaps it is all I can do to save me.
El miércoles le confesé a mamá que no tenía ganas de seguir viviendo. Lloramos. Me arrepentí de habérselo dicho. Mi ánimo estaba por el suelo pero igual fui a clase porque el lunes ya había faltado. Aguanté casi toda la clase, pero media hora antes de que termine me volvió el llanto. Fui al baño, sintiéndome patética por no poder estar todo un día sin llorar. Me miré al espejo. Respiré. Consideré lo poco que quedaba de clase, consideré las ganas que tenía de seguir llorando, me lavé la cara, volví al salón, agarré mis cosas y me fui caminando con cabizbajo hasta la parada de ómnibus. Lloré en el ómnibus también. No podía parar. Escuché en repetición un audio relajante para intentar tranquilizarme antes de llegar a casa. Llegué, expliqué mi salida temprana, cené, me acosté. No lloré más. El jueves mamá me acompañó a la psiquiatra pero no estaba. Fuimos al super juntas y me sentí mejor. No lloré en todo el día. El viernes ya estaba estable.
Ahora es domingo. Sigo estable, no estoy feliz ni triste. Me cuesta concentrarme, me hablan y me disperso. Pero lo estoy intentando. Estoy intentando ser lo más normal que puedo. Por los que me rodean, porque sé que les duele verme mal. Y supongo que por mi misma también, porque tengo que seguir viviendo.

En agosto...
Quiero vencer la modorra
Quiero sentirme querida
Quiero reírme más
Quiero disfrutar
Quiero vivir.

27 julio, 2016

Recaída

Iba bien.
Después de más o menos ocho meses sin salir a bailar, salí de vuelta al baile donde siempre iba. Fui con ganas de divertirme o sea, con ganas de bailar. Me acompañó un amigo con el que había ido otras veces acompañados de otras amigas. Él la pasó re bien, según me dijo. Y yo la pasé solo bien.
Quiero decir que no fue como otras veces. Capaz le estoy dando muchas vueltas pero algo cambió y creo que soy yo. Sentí que ya no es lo mismo. Capaz fue solo esta vez por el lugar, por la compañía, vaya uno a saber. Lo cierto es que me sacó las ganas de querer ir al próximo baile que organicen.
Le conté a mi psicóloga y me dijo que vea lo positivo: salí a bailar. Me animó a que siguiera dándome oportunidades como esa, que esto no me eche para atrás y vuelva a encerrarme en casa. Pero no sé si quiero volver a intetarlo y fracasar. Tampoco fue un fracaso, no la pasé mal. No me puse a llorar como la última vez. Solo que me faltó algo.
Al día siguiente salí a un bar con una amiga a charlar. No tenía ganas de salir pero fui porque habíamos quedado de ir a ver una peli después. Eso si me hizo llorar, cuando me fui a dormir. Creo que fue porque le confesé que el futuro no me entusiasma, que no quiero ser adulta. Es la primera vez que lo admito frente a una amiga. Me di cuenta de lo defasada que estoy con ella. Me dijo que no pareciera que me sintiera así porque estoy estudiando y hago cosas. Le dije que soy buena actriz. Lo soy? A veces no sé si hago lo que hago porque quiero o porque algo hay que hacer. Si, estudio. Pero si fuera mi decisión y no me afectara negativamente, me quedaría todo el día en la cama. No puedo hacer eso, entonces estudio para no trabajar. Eso si que me da miedo.
Me gusta la carrera pero no me gusta lo que implica: ir a clase, leer, usar mi cerebro. Cualquiera mentalmente sano lee esto y dice "sos una vaga". Pero no es eso. Es que me cansa, me quita la poca energía que tengo. Si fuera algo bueno para mí, no debería hacer lo opuesto? Darme energía? Motivarme?

En fin. Una recaida. Dicen que es normal, parte del proceso de recuperación. Realmente es un proceso? O usan esa palabra en lugar de decir vida?

17 junio, 2016

La mirada de los otros

Tengo una relación contradictoria con respecto a la mirada de los otros: la quiero pero no sé como manejarla.

Lo atribuyo a que en la infancia me faltó tener la mirada de los otros. Me sentía invisible entre mis compañeros de clase, me faltó atención. Ahora necesito atención pero como no estoy acostumbrada a recibirla, me incomoda. Quiero atención, sin embargo, siento que no me la merezco. No sé porqué habré interiorizado esa idea.
Todos merecemos atención. Mis opiniones, mis palabras, mis problemas no son menos relevantes que los de los demás. Si estoy dispuesta a escuchar a otros, ¿por qué me cuesta tanto hacerme escuchar?

No me importa por cuánto tiempo estuve en silencio. Eso quedó en el pasado.
Me voy a hacer escuchar.