14 abril, 2011

Un viaje en ómnibus

Hoy tuve uno de esos momentos en los que ves a tu alrededor con otros ojos. en los que tu mente no está dándole vueltas a ningún asunto, ni pensando en algo del pasado o el futuro. Toda tu atención se centra en los demás, en las personas que están cerca tuyo, lo que te rodea, lo que tocás con tu cuerpo. El suelo donde se apoyan tus pies, la mochila que descansa sobre tus piernas, tus dedos sobre el mp4, listos para cambiar de canción cuando la que estás escuchando se termine. Ese momento transcurrió en el ómnibus, de camino a mi casa. Me encontraba escuchando canciones de The Fray y creo que fue la voz peculiar de Isaac Slade la que me transportó a otro universo mental.
Sentí como si mi mente le hubiera cerrado las puertas a todos los pensamientos molestos que intentaban manifestarse en mi cabeza. Presentía que al llegar a mi destino, podría caminar hasta mi casa al ritmo de la música, dejando que esta le diera una perspectiva diferente al clima y a mi malestar físico. La música permitiría que, a pesar de esos dos factores negativos, yo me sintiera completamente bien.
Al ver los rostros de las personas sentadas frente a mí, intentaba adivinar su estado de ánimo, ¿qué estaría pasando en sus vidas en ese momento? Hay tantas cosas que no conocemos de los demás, las logran ocultar tan perfectamente bien que son invisibles para otros. Me preguntaba si esas personas estarían ocultando algo. ¿Su expresión de cansancio sería causada por un largo día de trabajo o por un gran problema familiar? O tal vez era a causa del día: nublado y húmedo, con ausencia de viento y falta de vida.
Sin dudas había algo que les faltaba a todas aquellas personas que pudieran sentirse abatidas o incluso algo deprimidas: una buena canción que llegara a tocar las fibras más sensibles de su cuerpo y les recordara lo que son las buenas sensaciones de la vida, aquellas pequeñas cosas que nos hacen sentirnos completamente vivos aunque sea por unos minutos. Son esas las cosas que nos demuestran que nuestra vida tiene un lado hermoso que podemos disfrutar desde lo personal. Yo lo encuentro a través de la música, mediante las películas que me hacen reflexionar, cuando veo a los niños reír, gracias a los abrazos de mi mamá y cuando tengo inspiración para escribir. Una vez que alguien encuentra aquello que le da sentido a su día a día, aquello de lo que se enorgullece sentir o poder hacer, se acerca más a la felicidad personal.
Me atrevo a decir que todos tenemos ese algo que nos pone de buenas en un día gris, ese alguien que nos hace reír después de llorar, ese algo o alguien que nos da esperanzas y ánimo para seguir. Y todas las personas deberían darse cuenta de eso.
En los momentos en los que menos nos preocupamos por estar bien, las mínimas cosas de la vida nos demuestran que siempre podemos estar bien, todo depende de como veamos aquello que nos rodea, de como tomemos ese día gris o esa larga jornada de trabajo.

Es increíble lo que uno puede llegar a reflexionar en un viaje de 10 minutos de ómnibus, con música y observación panorámica.

No hay comentarios:

Publicar un comentario